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martes, 4 de noviembre de 2014

Para desmitificar...

Y leyendo esto el corazón se me encoje: me sigo sintiendo fracasada, porque no logre que J entendiera estos puntos que muchas veces quise que viera, aunque tal. ez no tuve las maneras adecuadas... 

Me sorprende que haya gente que se esfuerce en informar sobre estas cosas, me hace tener esperanzas de que algún día seamos más y más los que pensamos en un modo más saludable de relacionarnos ( aunque estos modos hayan sido imposibles  con J), me hace sentir segura pdel camino que decidí tomar aunque al recordar a quien dejé atrás sienta esta tristeza. 

No sé,  mucho,  mucho tiempo atrás le decía a J que yo no quería un héroe que me salvará y el dijo que estaba bien,  que yo no lo necesitaba, y aunque le costó mucho dejarme de ver cómo alguien que requería de su salvación, dada esta sintomatologia pienso que ninguno de los dos dejamos de actuar como el príncipe o la princesa,  a pesar de que le dijéramos al otro que no queríamos que cumpliera con ese papel...

Me entristezco ante esta realidad, porque aquí,  yo soy una mujer que se ha dado cuenta  de sus errores pero más aún me doy cuenta de mis aciertos y veo que al salir de una ideología que me estaba lastimando jamás fue obligatorio que J viniera conmigo, es decir: cómo mujer real jamás fue mi obligación hacerle entender a J sobre éstas cosas,  porque jamás fue mi obligación cuidarle hasta la muerte. 

Y aunque -confieso- comparto este texto original de la página campusrelatoras.com con la esperanza de que J algún día lo lea y algo de ello le cambie la actitud para sí mismo  ; renuncio a permitirme que éste sea mi único motor: qué más de nosotros desmitifiquemos el amor romántico,  qué más de nosotros  aprendamos a ver al humano que somos, al humano que tenemos al frente. 

Qué más de nosotros aprendamos a vivir con libertad, entendiendo a ésta como la decisión que tomamos al ver todas las alternativas, entenderlas y aceptarlas aunque sean contrarias. Y cómo tal, entiendo que la libertad a veces puede ser quedarse con lo que se conoce y que también eso debe ser respetado,  por tanto, dejó esto por aquí reconociendo tu poder de estar en desacuerdo...

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Claves para desmitificar el amor romántico, y olvidarse de princesas y príncipes azules

Posted on 30 octubre, 2014 by campusre

Ilustración: Nan Lawson

 

Por Coral Herrera Gómez

 

En los cuentos que nos cuentan desde nuestra más tierna infancia, a los varones les enseñan tres cosas sobre el amor:

 

Hay cosas más importantes en la vida que el amor romántico.Hay una mujer destinada a ti.El amor es inagotable e incondicional (como el amor de mamá).

 

A las mujeres nos enseñan otras tres cosas:

No hay nada en la vida más importante que el amor romántico.Hay un hombre destinado a ti.Las mujeres nacen con un don para amar inagotable e incondicionalmente (por eso su objetivo en la vida es ser esposa y mamá).

 

En los cuentos que nos cuentan, a unos les lanzan un mensaje, y a las otras nos lanzan otro. Para los hombres, el mensaje principal es que elamor es eso que sucede al final de la aventura, después de haber pasado por mil situaciones diferentes, después de que el héroe ha demostrado su fuerza, su valentía, su capacidad para ganar y someter a los enemigos que le van saliendo en el camino, y a los monstruos internos que a veces le paralizan de miedo. Si logra vencerlos, será digno del amor de la Princesa Que Espera, y si fracasa, se quedará solo.

 

El príncipe azul sabe que vencerá porque siempre se siente querido. Las dudas de amor son para las princesas con mucho tiempo libre que gustan de atormentarse. Ellos prefieren sentirse queridos, útiles, importantes y necesarios para su país o para su comunidad. Los príncipes se saben deseados por las mujeres, respetados por sus enemigos, admirados por sus amigos, venerado por sus súbditos, y mitificados por una bella  muchacha que sufre lo indecible (o que se aburre infinitamente) mientras espera la llegada de su Salvador.

 

Otro de los mensajes que suelen lanzarnos desde las producciones culturales es que el príncipe azul lleva consigo el amor incondicional de su madre grabado en el corazón, por eso sólo podrá ofrecerle el trono del reino a una mujer que le ame como su madre: de un modo total, sin peros, sin condiciones. Así que nosotras tenemos que sustituir a su madre y convertirnos también en madres de sus hijos e hijas, y ellos, ya saben que las madres aguantan de todo y que por muy mal que te portes, nunca dejarán de quererte. 

 

El mensaje que nos lanzan a las mujeres es que si somos elegidas, tenemos que sentirnos inmensamente afortunadas, porque somos el grandioso premio a su heroicidad, el símbolo del triunfo masculino, el descanso del guerrero, y el botín de guerra que les pertenece por haber salvado al mundo (de las hordas de orcos, de los comunistas rusos, de los terroristas islámicos, de los alienígenas, de los indios norteamericanos, de los mafiosos italianos, de los robots inteligentes y malvados).

 

Las princesas, nos cuentan, tienen que ser muy pacientes, porque en casi todas las historias el amado siempre tiene mucho trabajo. Y es que por encima del amor está la misión del héroe, que es mucho más grandiosa que la princesa y que él mismo. El héroe primero sirve a la patria, y después obtendrá su recompensa por su trabajo, pero tiene que ganársela: el protagonista de los cuentos de hadas y de las películas de acción ha de demostrar que es un hombre con pleno control sobre sus emociones y mucha “sangre fría” para actuar. Tiene que olvidarse de su tierno corazoncito para matar, aniquilar y destruir al enemigo. Tiene que demostrar que es duro como una piedra, que ejecuta órdenes con la fidelidad de un robot, que es capaz de aguantar el cansancio, el hambre, el dolor de las heridas, el sueño acumulado y todo lo que le echen encima.El premio a sus sacrificios es la princesa que espera en su castillo, les dicen a los niños.

 

A las niñas les lanzan este mensaje: para la princesa el amor sí es lo más importante, porque la liberará de su encierro o su desgracia. Ella ama el amor porque cree que su vida mejorará, y porque no le han enseñado a pensar en otra cosa que en casarse y cumplir lo que se espera de ella: ser una mujer eternamente agradecida y entregada a su Salvador con absoluta devoción.

 

Los príncipes han de esforzarse mucho para obtener su recompensa, las princesas sólo tienen que aguantar, esperar, y ser pacientes para que nos amen para siempre. Y esperar solas, claro, sin rivales alrededor.

 

No es casualidad que las princesas siempre estén solas y desprotegidas, a merced de las circunstancias, y soñando con que alguien se encargue de ella. Nunca tiene un plan propio para escapar del encierro, ni redes de solidaridad y afecto que le ayuden. Las princesas en general son vulnerables, frágiles, sensibles, dulces, heterosexuales, de piel blanca y cabellos rubios. Se aburren mucho, suspiran mucho, y piensan en su príncipe azul a todas horas, creyendo que junto a él encontrarán la felicidad eterna y nunca más estarán solas.

 

A los chicos les encanta pensar que existe una princesa que lo ama porque sí y sólo piensa en él. Pero además, hay otras mujeres que les desean mucho, como es natural en un macho alfa. El mensaje que les lanzan a ellos es que han de ser fuertes para evitar las tentaciones. En el camino hacia el amor, el héroe se verá seducido por maléficas figuras femeninas que lo atraen hacia el lado oscuro, pero él nunca dejará de pensar en su princesa que espera pacientemente en el castillo a ser rescatada.

 

El mensaje patriarcal de los cuentos para niños, adolescentes y hombres adultos es que estas maléficas mujeres son libres, potentes, atractivas, y peligrosas, así que sólo has de acercarte a ellas para satisfacer tus necesidades básicas y divertirte un rato antes de encontrarte con tu legítima amada. Sabes que serás perdonado porque son meras necesidades sexuales que “nada tienen que ver” con el sublime romanticismo que le lleva a la Princesa Que Espera.

 

Al final de la aventura, el hombre puede por fin rendirse ante el amor: es cuando el héroe abre su corazón gracias a la ternura de la amada. Ya ha demostrado lo fuerte y valiente que es, ya ha ganado todas las copas y trofeos, ya ha llegado el momento de asentar la cabeza y formar una familia para asegurar la perpetuación de su estirpe. En los cuentos que nos cuentan, los finales son siempre felices: el héroe rescata a la princesa, se casan y viven para siempre comiendo perdices. Él la protegerá, ella lo cuidará para siempre, ambos vivirán encerrados en su palacio de cristal.

 

Sin embargo, la Realidad es siempre diferente a la ficción romántica: como cualquier pareja, los enamorados se arrugan y engordan, pierden belleza y alegría, se pelean, se aburren, se hastían, se traicionan, se reconcilian, y nada es tan bonito como nos habían contado. Las princesas y los príncipes no son tan perfectos, por lo que sus historias de amor tampoco lo son.

 

Descubrirlo personalmente nos decepciona y nos frustra, porque nos sentimos engañados, o porque pensamos que tenemos mala suerte en el amor. Para poder sufrir menos y disfrutar más, tenemos que aprender a despatriarcalizar y a desmitificar el amor romántico, inventarnos otros cuentos con otros mensajes, y construir otras formas de querernos.

 

He aquí algunas claves para desmitificar el romanticismo patriarcal y para aprender a relacionarse amorosamente con personas de carne y hueso:

 

Para ellos:

 

Buenas noticias: no hace falta que salves a la Humanidad, ni que seas un héroe, ni que demuestres que eres fuerte, violento, agresivo o dominante para que te amen. Ya no estás obligado a responsabilizarte de todo, y no hace falta que seas el ganador y el vencedor absoluto en todas las áreas de tu vida. No tienes por qué sentirte culpable si no das la talla o no cumples con las expectativas sobre tu virilidad. Basta con que seas una buena persona capaz de construir una relación bonita.El amor es para disfrutar, no para sufrir. El amor es para hacernos la vida más fácil y bonita los unos a los otros, no es un medio para negociar y conseguir otras cosas, ni es un sacrificio que hay que hacer para tener asegurado el cuido y el placer (olvídate de la esposa-criada complaciente que atienda todas tus necesidades como mamá, para más información, el siguiente punto).Definitivamente, la princesa rosa ya no existe. Las mujeres ya no esperan toda la vida ni te aman incondicionalmente: si no te portas bien, si no hay buen trato, si no alimentas la relación, si pactas fidelidad y no cumples, te dejan. La mujer a la que amas no está sentada esperando a que llegues,  no está siempre disponible para ti, ni es tuya, ni su amor es para siempre. Es una mujer libre que está contigo porque quiere estar contigo, sencillamente, en el presente que compartís.No mitifiques a una sola mujer y desprecies a todas las demás. No existen las mujeresbuenas y las mujeres malas, por lo que no hace falta que montes jerarquías afectivas que sitúen a una sola mujer en la cúspide del éxito, y a todas las demás las minusvalores. Las mujeres no son “santas” o “putas”, son seres imperfectos y complejos como tú, con sus virtudes y sus defectos, sus errores y sus aciertos. Igual que tú nunca podrás ser tan maravilloso como el príncipe azul, ellas tampoco podrán cumplir con las expectativas del mito de la princesa. Las mujeres libres con autonomía no son peligrosas. No hace falta dominarlas para poder amarlas. No tengas miedo a relacionarte con una mujer de carne y hueso sin la coraza: no muerden.El amor no supone rendirse, no es un virus que te posee y te roba la voluntad, no es el fin de tu juventud, no te convierte en prisionero de nadie, no te convierte en propietario, ni en dominador o dominado. El amor no te roba la autonomía, no es el fin de tu libertad, no te convierte en un “calzonazos”, no te rebaja la virilidad. Así pues, eres libre para relacionarte desinteresadamente con las mujeres o los hombres a los que amas, y para dejarte seducir por la magia del compañerismo romántico que nos sitúa a todos en el mismo plano horizontal. Practicar el amor sin las antiguas estructuras de dominación y sumisión, te liberará de la necesidad de ser superior o de luchar por el poder, con lo cual podrás disfrutar más del amor.Aprende a compartir protagonismos: antes los personajes femeninos de las historias de amor ejercían un papel pasivo, ahora van en su propio caballo, matan a sus propios dragones, toman decisiones, resuelven enigmas, se emparejan y se separan, eligen a sus compañeros, se equivocan, rectifican, y reivindican su derecho a moverse con libertad, y a ser protagonistas de sus propios relatos. Las mujeres son tus compañeras, y los hombres son tus compañeros, y se trabaja siempre mejor en equipo que en solitario. Di no a la soledad, que te hace más dependiente y más vulnerable, y júntate a la gente para dar y recibir amor, para vivir aventuras, para celebrar la vida.El amor no culmina con un final feliz, se construye día a día. No existe la fuente de amor inagotable, no dura para siempre, y no es gratis: para ser amado hay que amar, para recibir hay que dar, para que te traten bien tienes que tratar bien. El amor puedes disfrutarlo en cualquier momento de tu vida si tienes las herramientas y los conocimientos necesarios para construir una relación bonita. No es una meta a la que llegar, es un proceso que se vive en el presente inmediato y se nutre con nuestra creatividad, nuestra generosidad, nuestra capacidad de empatía y de disfrute.Libérate de las cargas del príncipe azul. Por mucho que lo intentes, nunca podrás estar a la altura de los mitos de la masculinidad hegemónica, ni cumplir con todas las expectativas que se despiertan en torno a la figura del héroe con superpoderes mágicos. Ningún hombre es tan guapo, bondadoso, rico, valiente, potente sexualmente, sensible, honrado, luchador, generoso, sabio, culto, divertido, ni tan perfecto como los vemos en las películas (excepto Brad Pitt, y seguro que algún defecto tiene el hombre). Con la edad irás engordando, perdiendo fuerzas y reflejos, tendrás achaques, puede que te quedes calvo, que se arruine tu negocio, que dejes de tener éxito en la vida, que te abandone la buena suerte. Sabiendo que nunca podrás ser tan maravilloso como un príncipe azul, estás liberado de la carga que supone estar siempre demostrando que eres muy hombre, o que eres el mejor: así puedes dedicar tu tiempo y energía a otras cosas más provechosas, como por ejemplo practicar la autocrítica amorosa para conocerte mejor, o trabajarte los miedos que te impiden disfrutar del amor.Los miedos no desaparecen mágicamente, hay que trabajarlos constantemente: en los cuentos los miedos se superan con pócimas, con talismanes, con conjuros o hechizos, con tótems o con magia. Muchos de ellos los has heredado de tu cultura patriarcal: el miedo a no dar la talla en la cama, el miedo a enamorarse ciega e irracionalmente, el miedo a quedarse solo, el miedo a salir de los armarios, el miedo a la infidelidad o la deslealtad de la persona amada, el miedo al “qué dirán”, el miedo al rechazo o a no ser correspondido, el miedo al compromiso, el miedo a que te dominen o te manipulen, el miedo a que se cuestione tu virilidad o tu heterosexualidad, el miedo a perder tu autonomía y tu libertad, el miedo a que te hagan daño, el miedo a fracasar, el miedo que nos da saber que no somos imprescindibles para nadie… hay que liberarse de los miedos, entonces, para poder relacionarse con la gente con libertad, con generosidad, con ternura.

 

Para ellas:

No te esfuerces en cumplir el mito de la princesa rosa: nunca serás tan buena, guapa, joven, sana, dulce, paciente, obediente, conformista y pasiva como esta heroína tradicional, por mucho empeño que le pongas. Además, los palacios son lugares enormes, solitarios, fríos, aburridos, y resulta muy difícil escapar de ellos cuando estás dentro. Dedica tus energías a construir tu propio personaje, y a ser la mujer que te dé la gana de ser.No te esfuerces en buscar al príncipe azul, no existe el hombre ni la mujer perfecta. Somos más felices cuando querremos a la gente tal y como es, sin mitificarla, sin endiosarla, sin rebajarla.El amor no es la solución a todos tus problemas. Si te pasa como a las princesas de los cuentos, que están hartas de la explotación laboral a la que están sometidas, o sencillamente te aburres y tienes ganas de transformar su vida, no esperes a la llegada del Salvador que te rescate de tu situación. Ponte manos a la obra para generar cambios que mejoren tu vida sin depositar esa responsabilidad en nadie más que en ti.Esperar es inútil: en estos tiempos en los que las horas y los meses pasan volando, ya no podemos pararnos a esperar a nadie. Esperar es un acto pasivo que deja en manos de los demás nuestra propia felicidad. No sabemos si nos queda una semana o diez años de vida, así que mejor disfrutar del presente, que es el único tesoro que tenemos.El amor no es sacrificio, renuncia, ni rendición: no tienes por qué olvidarte de ti misma ni de tus necesidades sólo porque tengas pareja. No tienes por qué entregarte en cuerpo y alma si la otra persona no se entrega. No tienes por qué aguantar todo lo que te echen encima “por amor”. Amar no es sufrir: es disfrutar.Hay muchas fuentes de afecto, de placer y felicidad en nuestras vidas, por eso el amor romántico no puede ser tu único objetivo:estas rodeada de gente estupenda que te quiere, y hay mucha más gente estupenda a la que conocer. El romanticismo en pareja es una experiencia hermosa, pero también hay mucho que aprender, que vivir, que experimentar con los demás. El amor es importante en la medida en que no se limite a una sola persona, y en la medida en que nos permita crecer y evolucionar, y repartir amor a la gente que nos rodea.Trabaja tu autonomía económica y tu independencia personal para poder construir relaciones desde la libertad, y no desde la necesidad o el interés. Déjate seducir por la magia del compañerismo romántico, y quiérete mucho, para poder dar amor a los demás. Practica la autocrítica amorosa para conocerte mejor y trabajarte lo que pueda hacerte mejorar. El amor es un arte, y cuantas más herramientas tengas para relacionarte con los demás, más podrás disfrutarlo.Libérate de tus miedos, sal de tus armarios, y no te sientas culpable si te enamoras, o si te desenamoras. Las mujeres no nacemos con un don para amar eterna e  incondicionalmente, y tenemos derecho a juntarnos o separarnos de nuestras parejas cuando lo deseemos. Y siempre estamos mejor acompañadas por otras, que solas.Di no a la soledad: las protagonistas de las historias siempre están solas: no descuides tus redes sociales y afectivas, porque son tu mayor tesoro. Solas somos vulnerables y dependientes, rodeadas de gente a la que queremos somos más libres y tenemos más posibilidades de vivir el amor sin reducir todo a una sola persona. Expande y diversifica tu amor.Disfruta de tu papel protagonista en la historia de tu vida: tú eres la narradora, la guionista, la directora, y la actriz principal. Tú elijes a la gente con la que quieres compartir, tú tomas las decisiones, y tú confías en ti misma a la hora de construir tu historia. Tú eres la que inventas, la que te equivocas, la que rectificas. Trata con mimo a tu propio personaje y a los que te acompañan, os merecéis el mejor trato del mundo.

 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Destrucción, construcción...

En Y hoy de nuevo se destruye mi mundo conocido y comienza a construirse uno nuevo... "deconstruirse" le llaman en los círculos dónde últimamente me he ido desarrollando, aunque no estoy muy segura si es decostrucción precisamente lo que me pasa... El fin de una relación por la que he (y con la que)  he peleado durante 6 años.

Hace apenas 3 días aún planeabamos nuestra boda, una boda producto de una decisión que tome sin romanticismo alguno: en ningún momento fue para mí un acto de demostrar ante el mundo el amor que construí con ella,  jamás fue un afán de presumir, tampoco de pasar "el resto de mi vida feliz,  por siempre "... Para mi ese matrimonio marcaba... Creo.... La revolución, porque para mí era un acto de amor,  pero no el acto de amor supremo, ese que nos pintaron en las películas y que todo mundo sueña y por el que todo mundo te felicita...

No, para mí este era un acto de amor (uno más, pero nunca el máximo), en el que más que recibir yo, con esta herramienta iba a ser capaz de dar. Iba a poder dar apoyo, cuidado y respaldo con ayuda de la ley... Pero ella, ella no pensaba igual. Para ella el matrimonio es..., al parecer, una cosa que te cambia,  si se es borracho,  parrandero y jugador al firmar el acta de matrimonio se deja de serlo. Y lo mismo aplicaba con el ser  poliamorosa, bisexual, disidente sexual, cuestionadora del sistema, sexualmente curiosa, aprendiz constante...

Al parecer, cuando una, uno, decide casarse deja de ser una para convertirse en el ejemplo exacto que te pintan en las películas románticas o en las telenovelas... Al parecer a la larga el plan era que un ente extraño alojado en el acta de matrimonio me robara la voluntad y yo dejaría de ser quien he buscado ser todo este tiempo, quien aún se me dificulta ser puesto que he tenido que deshacerme de creencias que me "endulzaban" el entorno ( con el paso del tiempo entendí que aquello no era dulce si me escondía las realidades pero vaya que aún duele renunciar...)

Y así pasó el tiempo: ella creyendo que lograría cambiarme y yo creyendo que nos entendíamos. La predicción era más que evidente: aquello iba a acabar mal... Pero quizá fue por la creencia de que estábamos caminando hacia la misma dirección (aunque a diferentes ritmos)... quizá, tal vez, sí temiamos quedarnos solas,  tal vez temiamos crecer... cambiar... O tal vez fuera que nos teníamos fe... El caso es que lo dejamos ser y llego, como era de esperarse,  la muestra de que estábamos equivocadas: la otra no iba a dejar de ser quien es aunque lo desearamos... La otra no iba a dejar de ser quien es aunque nos amaramos...

Pero entonces a mí me surgió,  surge,  esta idea existencialista de si realmente nos hemos amado en todo este tiempo... Si yo fui amada por ella,  si ella fue amada por mí... Me respondo, pues, lo que yo puedo responderme: yo sí la he amado,  yo quise dar y di,  comprensión,  cuidado,  paciencia,  empatia,  agudeza... Busque verla y quise respetarla: que ella fuera quien es, para mí, ella podía ser sin  impedir  que yo fuera quien soy... Salvo en el caso de que ella fuese alguien que esperaba yo cambiase del modo en que ella quería... En ese caso... En ese caso las opciones eran destruirnos,  destruirme o sobrevivir... Una guerra constante a fin de cuentas.

Fue ella quien se dio cuenta que el matrimonio no iba a funcionar y creo que eso se lo agradezco: el que ella se hubiera percatado de que esperaba de mí un cambio imposible. Pero a pesar de ello ella aún estaba indecisa sobre si debíamos continuar o no... Y con la tristeza que ello representaba fui yo quien se dio cuenta que la evidencia marcaba que no: No soy yo la persona con quien ella quiere estar, esa monogama, entregada a la casa,  la de los hijos perfectos reproductores de lo que dice la televisión... La que deja de sentir curiosidad por otras personas y decide que no tendrá sexo mas que con una.persona, con las experiencias que ésta quiera... No lo soy... No soy tantas cosas que ella desea... No lo soy. No lo soy y ello me entristece...

Tengo en mí una pequeña sombra,  que admito,  quisiera ser quien ella quiere... Pero con el paso de las personas y las experiencias esa sombra de mí se ha ido haciendo más pequeña: no es la primera vez que desearía no haber despertado,  no es la primera vez que desearía no haberme cuestionado con tal de seguir con alguien que me hace pasar lindos momentos,  o que me ha enseñado mucho o que me hace sentir como nadie más... No es la primera vez que pienso que hubiera sido mejor no haber cambiado: era más feliz,  decía yo... El caso es que esa que "era feliz" no era yo: no eran mis decisiones,  no eran mis gustos,  no  eran mis propias curiosidades, no eran mis experiencias,  mis vivencias... Eran las de alguien más. Esa no era yo, por tanto era mentira que esa "felicidad" me perteneciera.

"¿No te da miedo quedarte sola? Vas a perder a dos buenas personas por..." Me dijo antes de que la interrumpiera: No voy a perder nada,  le dije, ( ni ella ni B  me pertenecen), no voy a quedarme sola, yo estoy conmigo, nunca estoy sola,  yo estoy conmigo...

Al final no fue mi ser poliamorosa lo que acabo con esto:  C estaba aprendiendo a vivir con la idea y la presencia de B... Lo que acabo con esto fue la necesidad de C de que el juego se jugará conforme a sus reglas y sólo conforme a sus reglas, olvidando que yo nunca me he conducido por las reglas de alguien más, (siempre término negociando y sacando a relucir quien soy yo)... Lo de B, que apenas iba recomenzando término por el saber que cuando yo digo que me gustaría hacer algo es muy probable que suceda y esto que yo quería vivir va en contra de sus prejuicios, que al parecer, según las reglas yo debía de compartir... Por tanto esto fue el común: No era yo, no era yo a quien ellas querían a su lado...

viernes, 18 de julio de 2014

My inception

Debo aceptar la realidad de que -en la película...- él no despertó.


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P.D. Nunca entenderé la música como tú lo haces, nunca escucharé la música como tú lo haces...

Mi Atlas de las nubes

Nunca escucharé la música cómo tú la escuchas, nunca la entenderé cómo tú la entiendes: yo soy yo, no soy tú...y eso...era lo que hacía esto imponente.

Amar es diferente a ser correspondido, amar es dar lo que se tiene y yo tuve y di lo que tenía. Elegí, contrario a ti, que eras tú mi elegido, elegí que tenía que encontrarte a ti y lo hice, lo demás fue cosa aparte, aún así todavía ahora eres el amado mío.

Nunca escucharé la música cómo tú la escuchas, nunca la entenderé cómo tú la entiendes: yo soy yo, no soy tú, tú eres tú...y eso...era lo que hacía esto imponente... Quizá podamos reconocernos en otra vida y saludarnos. Lo espero. La muerte es sólo una puerta que lleva a otro lado.


martes, 8 de julio de 2014

Noticia...


Publicado el 7 de julio en Facebook.

Y... no están ustedes para saberlo ni yo para contarlo (de verás que no lo estoy) pero el día de hoy Carmen y yo cumplimos -oficialmente- 6 años de estar juntas. Y digo "oficialmente" porque extraoficialmente, quienes nos conocen más de cerca y en particular a mí, sabrán que esa cifra es incierta: Carmen y yo hemos gozado de beneficios mutuos (léase sexuales), hemos vivido juntas, hemos conformado una amistad en tiempos en los que, dentro de esos 6 años, NO ERAMOS PAREJA... Es decir, extraoficialmente Carmen y yo estaríamos cumpliendo tal vez tres años, si descontaramos aquellos en los que no la consideraba mi pareja o... tal vez sólo 2... pero entonces esos los habríamos cumplido en junio, fecha en la que decidí ser realmente su pareja una vez que ella me dijo buscaría "convertirse en la persona que yo necesitaba".

En fin, que para términos prácticos, decidimos, ambas, yo explícitamente, ella implícitamente, que el 7 de julio sería nuestro aniversario (decisión apenas tomada hace 1 año), dado que fue el día en que, como ella misma dijo "le cambié el cassette". Ahora bien... esa no es la noticia, sino más bien, la confirmación de aquella que ella, anoche, decidió dar a conocer: he decidido firmar con ella ese pequeño papel en el registro civil que dirá somos un matrimonio...

Y ahora sí, se valen las caras de sorpresa, el estado de shock, las exclamaciones ¡¿tú?! Sí, yo... y yo por ser yo es que me he decidido a escribir este estado y convocarles a él. Yo, en pleno uso de mis facultades mentales, conociendo las luchas por el reconocimiento al concubinato entre personas del mismo sexo, estando de acuerdo en lo problematica que resulta la institución del matrimonio he tomado esta decisión y quiero platicarles por qué.

Provengo, como muchos, de un hogar disfuncional, que por principio comenzó como un matrimonio disfuncional, y yo, en el momento en el que supe que existía el divorcio rogaba secretamente porque mis padres tomaran aquella reparadora decisión, pero no pasó. En su lugar mis padres padecieron el "debe ser" del patriarcado donde mi padre era el proveedor y mi madre la mujer que ya no era mujer, sólo madre y esposa. Creía entonces que el matrimonio de mis padres no funcionaba porque no había amor, y contaminada del romanticismo de las películas, series y demás, adicta a ello por decir lo menos, supuse que yo podría hacer aquello diferente: que mi matrimonio con el hombre soñado no fracasaría porque él y yo nos amaríamos hasta el fin de los tiempos. Daaaah! Esa era la idea más errada que me traía mi adicción por el amor romántico y aún cuando mis padres terminaron separándose yo aún continué creyendo que yo podría hacerlo diferente.

Carmen por su parte, proviene de un matrimonio que ha sabido llevar el deber ser a buen termino, tienen más de 40 años de casados y ambos parecen conformes con su papel dentro del matrimonio. Yo ya no me atrevo a hablar de amor en relaciones ajenas, pero supongo que si los miembros de una relación están a gusto con dicha relación algo debe haber y punto. La cosa es que, en efecto, este hecho, el que el matrimonio de los padres de Carmen haya perdurado y el de mis padres no, nos hacen a Carmen y a mí, bastante, bastante diferentes: Ella aún considera el matrimonio como la gran muestra y declaración de amor, yo, ya me divorcie de esa idea y creo, que independientemente de que dentro de un matrimonio haya amor, la firma de ese contrato tiene que ver con aspectos sociales y económicos. Punto.

Como se ve, a estas alturas de mi vida, a punto de cumplir 32 años, yo no estoy en contra del matrimonio: estoy en contra de las razones alucinatorias y enajenadas que llevan a las personas a él, razones que las encausan en expectativas que jamás se realizarán (al menos no en el modo en que creen), comprometiendo su dignidad y bienestar físico y emocional a cambio de lo que creen "amor verdadero", y es ahí donde hace unos años, cuando Carmen me pidió-ofreció matrimonio yo tuve que retractarme: Ajá, retractarme (léase: ya le había dicho que sí y después le dije que siempre no).

Pero bueno, para eso... lamentablemente tengo que dar a conocer un poco de la historia de Carmen y mía, y digo lamentablemente porque a ella no le gusta recordar esta parte de "nosotras", de ella misma, pero yo, yo tengo que tenerlo presente y quiero dárselos a conocer más por las "felicitaciones" que recibí el día de ayer ante el anuncio de Carmen.

Carmen y yo llevaremos 6 años de relación de "pareja", pero tenemos poco más de 10 años de conocernos... y el "conflicto" es... cómo nos conocimos: Carmen era novia de un cierto chico, y ese cierto chico y yo nos gustamos. Nos enamoramos, nos obsesionamos, cogimos, nos abandonamos, nos reencontramos, nos despreciamos, nos comprometimos a casarnos, dejamos eso de lado, rompimos, intentamos ser amigos... y nunca funciono...

Mientras tanto, Carmen siempre estuvo presente, siendo la novia celosa, siendo la ex que no era ex sino un free, siendo la espectadora, siendo quien me acompañaba...  Pa' que se entienda mejor: por muchos años yo fui el frijolito en el arroz en la relación de Carmen y aquél chico, yo era la zorra baja novios (a mucha honra, debo agregar), la amante puta (porque dado que Carmen tenía el "puesto principal" yo sólo podía ser amante y puta, la mujer a la que sólo se le busca por sexo), yo era la capillita a la que de cuando en cuando le armaban su fiestecita, yo era "esa".

Y no, no digo estas cosas de mí con alguna especie de desprecio, sino todo lo contrario. Estoy orgullosa de esa parte de mi historia y simplemente me niego a esconderla, porque igualmente si la escondo jamás alcanzarían a entender la importancia de la relación entre Carmen y yo -aunque ella aún quiere esconder todo esto-.

Carmen y yo nos conocimos cuando yo tenía 19 años y ella se hizo mi amiga un poco para cuidar su territorio y "tener al enemigo más cerca" y un poco porque efectivamente le llamaba la atención. Su novio hablaba de mí como la mujer más loca y extraña que conocía hasta ese entonces, la que por todo le discutía, la que le resultaba por demás interesante y Carmen tenía ganas de saber si efectivamente yo era para tanto. En nuestra educación no pudimos más que competir y ella, teniendo las cartas "más valiosas" en muchas ocasiones pasó por encima de mí, yo, creyendo en la monogamia se lo permití, pero cuando la vida nos dio el chance de que yo estuviera en su lugar yo no me comporte igual: había aprendido a aceptar que ella existía y que él -según yo- siempre la mantendría en su vida. Así sin darme cuenta estaba yendome por el camino del pensamiento poliamoroso.

Sin embargo, yo tampoco fui una santa, pues, se dio el caso de que él, la manzana de la discordia, se fue y aunque teníamos promesas de por medio (que no se cumplieron), esta ausencia nos permitió a Carmen y a mí entablar una relación propia, que extrañamente termino siendo una de pareja, el caso fue que desde ese lugar por 3 años aproximadamente me encargue de hacerle sentir  a Carmen todo lo malo y podrido que ella me había hecho sentir previamente y ella,aún no sé si por paciencia o culpa, lo soporto. Llegado un punto me cansé y decidí ser su amiga, dejar venganzas y demás para más que otra cosa apoyarnos mutuamente, entonces ella logro verme ya sin sus expectativas y me conoció y después de un año así resolvió que sí podíamos ser pareja.

En este momento llevamos un año comprometidas en la relación, y me refiero comprometidas en el aspecto de ser mutuas amigas, escucharnos, ayudarnos, enseñarnos, amarnos, y crecer ya, sin ninguna venganza, daño o creencia patriarcal de por medio, pero claro está, tampoco es tan fácil.

Queremos ser madres y hemos resuelto que en poco menos de año y medio nos embarazaremos, sin embargo, caí en la cuenta de que sea quien sea la que se embaracé la nueva personita podría carecer de lo que alguna de nosotras le pudiera dar, por esta tontería de trámites y reconocimientos... Y luego está este asunto de que legalmente ninguna de las dos puede, si se diera la ocasión, decidir en la salud de la otra o ayudarle en esos trámites. El camino rebelde sería apoyar el concubinato y buscar el reconocimiento de este entre nosotras, pero después está el nivel coloquial, mundano, nuclear de la situación: su familia no acepta nuestra unión.

Amigablemente dicen no tener nada contra mío, que les caigo bien y todo pero por principio yo para sus hermanas no soy su pareja porque no le tengo su ropa y comida lista a Carmen, mi casa es un desorden, en pocas palabras: no soy una esposa. :D Sinceramente desisto de serlo :D, el desorden de mi casa implica mucho más, implica que estoy interesada en otras cosas y el tiempo no me alcanza; Carmen y yo lo tenemos bien hablado y estamos a gusto, son cosas que se van reparando en el camino balanceando bien el tiempo, pero por esta y otros comentarios más severos me di cuenta que dada la ocasión podríamos tener problemas al momento de ejercer derechos como son la información de su salud si esta información dependiera de su familia, o la negación al reconocimiento de un futuro hijo... No sé si me estoy dando a entender.

Detrás de la decisión de casarnos en efecto, está la idea que Carmen aún mantiene de que "es la máxima demostración de amor" y mi idea de que es un contrato que, si no funciona, podemos terminar: ideas que podrían o no reconciliarse, pero al cabo coinciden en que ambas tenemos la voluntad de llevar esto a cabo. Detrás de esta decisión está el hecho de que en estos más de 10 años hemos evolucionado y que sí, veo en esta alternativa una herramienta muy grande para apoyarnos, darnos soporte la una a la otra, pero también está el hecho de impedir que esto sea el baúl donde pueda ser olvidada nuestra historia, nuestros principios y nuestro ser. Yo no sé Carmen, pero aún después de la firma de ese papel yo seguiré siendo poliamorosa, bisexual, artista, activista desde mi trinchera, rebelde y agente de cambio en todo aquello que me lo permita. Yo seguiré siendo aquella con la que su ex le puso el cuerno, aquella que aprendió por tanto a ver que el amor romántico no lo es todo en esta vida y que de hecho nos hace daño, aquella que ha decidido creer en un amor más extenso.

Y yo no sé ustedes pero considero que esto no se merece un "que sean muy felices" porque cómo le dije a alguien anoche: yo ya soy feliz. La felicidad es un estado en el que elijes estar, no una meta y esto, esto no lo hago para ser feliz. Omitan, por favor, cotorrearme con que sí "ya me atraparon" porque en dado caso yo también habré amarrado a Carmen: esto es un compromiso de dos vías, no es que ella vaya a tener obligaciones conmigo, ¡es más! Que fastidio ver esto como que nos estaremos obligando. Esto lo hacemos para respaldarnos y en cierto punto si ya no quisieramos hacerlo cualquiera estará en el libre derecho de pedir que esto se deshaga. Gente, me ha sorprendido que con el feminismo y las consignas y aprendizaje que nos han dejado en la Marcha y grupos en que participamos haya habido quien se sintiera ilusionado al ver la noticia: me ha dado la impresión de ser la actriz de un final de telenovela que todos ustedes esperaban. Ya estamos grandes, no pequemos de inocentes.
Y sí, ya sé, Carmen me acusará de quitarle el romanticismo a toda esta cuestión y sí, me acuso de ello: Le quito el romanticismo pero no el amor, esto efectivamente es un acto de amor porque queremos protegernos legalmente la una a la otra, esto es conducido por el amor, pero ojo, no se confundan: no es el amor. El amor es ese que Carmen y yo hemos estado construyendo todo este tiempo, limando asperezas, dejándonos conocer, perdonandonos, alentándonos y aceptandonos, aceptando por ejemplo nuestros distintos procederes como yo el que ella hizo anoche y ella el mío con esto publicado.

Y bueno, sí, el evento lo estamos proyectando para diciembre, y aún no decido si lo celebraremos o no, si todos entendemos que no es por algo romántico puede que sí, por lo pronto os he enterado, que no se diga que es un chisme porque al rato me inventan que Gabriela no es como ella se dice.

Esperanza

El.por qué de que la esperanza muera al último...