Descubrir que tus desgracias, esas contra las que maldices y despotricas, son las que te mantienen atada a tu propia realidad. Observar, que los problemas de otras yo, en otras realidades, son producto de sus propios contextos y decisiones, por tanto, tus desgracias, tus tristezas, tus miedos, tus enojos, tus frustraciones son tuyas y solo tuyas... para resolverlas... para llorarlas... para golpearlas y gritarles... Te hacen ser quien eres, única (único), ante el mar de posibilidades superpuestas (yuxtapuestas?) y por ello, tan sólo por ello -como si de verdad fuera tan insignificante- deberíamos amarles... Son tus propias desgracias las que evitan que te pierdas en planos espaciales y temporales, son ellas las que te ayudan a que tengas un hogar al cual regresar.
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